Aisha tiene 9 años, el pelo ensortijado y unos preciosos ojos verdes que se iluminan cada vez que sonríe. Aisha muestra una hilera de blancos dientes, que se quiebra cada vez que tiene que moverse, porque sus piernas no le sujetan en pie. Aisha estaba pidiendo en una calle cuando la encontraron y la llevaron al orfanato donde cura sus heridas. En el orfanato hay 256 niños de Nigeria, Ghana y Camerún. Un mal día fueron secuestrados en sus poblados y fueron llevados a Camerún y de allí a Gabón o a Guinea Ecuatorial, donde fueron vendidos para trabajar en el servicio doméstico, como camareros en bares o en la prostitución. Alguno de ellos logró escapar de las garras de sus captores, como Aisha, y tuvo la suerte de ser recogida y llevada a un lu. La pobreza y la ignorancia de la gente de estas poblaciones son los factores determinantes del tráfico de niños. Como Aisha en el mundo hay millones de niños que sufren las consecuencias de la pobreza que asfixia a las poblaciones, agobia a las familias y favorece el aumento de la explotación. Pero, ¿quién es capaz de esclavizar a los niños?, ¿quién se beneficia con este nefando negocio? deberíamos exigir a las organizaciones internacionales que actúen con firmeza y eficacia para evitar estos inenarrables acontecimientos.

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