Vuelve a ser cierto lo de ver para creer. pero ahora traducido a la sociedad mediática: "está pasando, lo estás viendo". Y en esas estamos. Tenemos una tragedia al otro lado del mundo, en Japón. Cerca de 10.000 muertos y cientos de miles de desplazados son contemplados desde el cómodo sillón que nos proporciona otro depredador natural, Ikea, pero a ese le dejamos para otro día.
En Europa estamos asustados. La economía mundial otra vez se tambalea. Pero ahora tenemos un enemigo a quien culpar de todos nuestros males: la energía radioactiva y su insaciable nube tóxica.
Hace unos meses, la solución a todos los problemas de dependencia energética pasaba por la prórroga de la muerte anunciada de las centrales nucleares. Las voces que clamaban mirar hacia Alemania para seguir los designios de la señora Merkel ahora se han visto acalladas por el temporal en forma de maremoto, que ha sacudido y ahogado a uno de los países más desarrollados del mundo.
Mientras la amenaza radioactiva nos llena de pánico sirviéndonos unas estremecedoras imágenes de lo que ocurre al otro lado del mundo, no nos damos cuenta de que más allá del inmediato aquí y ahora se esconde el verdadero monstruo de la economía mundial. Producir, producir, producir, consumir, consumir, consumir, ganancias, ganancias, ganancias,... el monstruo capitalista, sino puede seguir alimentándose al ritmo que dictaminan sus vestales, nos terminará devorando. Y mucho antes que la nube tóxica de Japón...
Nos estamos acostumbrando a pensar solamente en lo inmediato. Es como si nos hubieran arrojado a una piscina. No sabemos nadar, por lo tanto toda nuestra energía se concentra en mantenernos a flote, en no hundirnos. Pues no, basta ya. Aprendamos a nadar para que cuando vayamos a la piscina nos dediquemos a mejorar. No nos dejemos engañar por los problemas de la inmediatez servidos via internet, ya se llamen revueltas sociales o dramas humanitarios. Algo está pasando, el mundo nos avisa. Cambiemos ya, no sigamos por este camino.
Lo que ocurre en Japón es parte de nosotros mismos, somos los propietarios de nuestra tierra, cuidémosla, evitemos más catástrofes. Y no hace falta pensar en ingeniosos sistemas de prevención ni mucho menos. Centrémenos en nuestros auténticos problemas, no nos dejemos engañar por cortinas de humo ni por nubes radioactivas, ni por revueltas, ni por tsunamis, vayamos al verdadero origen del problema: en ansia por obtener beneficios de todo. La justificación de la sacrosanta economía. Las leyes del mercado. Mientras un solo humano pase hambre, ¿de qué estamos hablando?
Ahora nos toca solidarizarnos con nuestros hermanos japoneses, pero no olvidemos que, a la vuelta de la esquina, en la propia pared que sustenta nuestras vidas, están las grietas de nuestra conciencia. El abismo entre ricos y pobres es cada vez mayor y cualquier acción que empeore aún más las miserables vidas de esos más de mil millones de seres humanos que viven en niveles extremos de pobreza es auténtica energía radioactiva que puede escapar descontrolada extendiéndose insaciablemente como muestra del descontento social.
En televisión, lo que no se ve no existe. Por eso hemos de aprender a leer el verdadero significado profundo que subyace detrás de cada una de las muestras externas que nos rodean, para evitar que nos coja pensando en aumentar nuestros beneficios económicos. Esto está a punto de estallar, por eso hay que ir a por nuestras conciencias y no dejarlas dormirse pensando sólo en el aquí y ahora. Demos dignidad a la gente, invitémosles a participar de nuestro estado de bienestar, démosles una oprtunidad. No nos dejes dormir en paz, a por nosotros, Marcos, sin perdón.